Ali Baba y Nabila- E31

Un día, al lado de un bosque, vivía un hombre llamado Alí Baba. Era muy malo y tenía tres esposas. Una de ellas, Nabila, que era la más maja, se casó por obligación con Ali Baba. Ali Baba tenía dos hijas y un hijo. Las otras esposas de Ali Baba odiaban a Nabila porque tenía un hijo.

Por la mañana, en el bosque, un hombre estaba de camino al mercado, cuando al pasar por el castillo de Ali Baba, lo vio con dos hombres que tenían pinta de ladrones. Llevaban unas bolsas muy grandes y las metieron en una habitación que tenían al lado del castillo. Cada vez que el hombre pasaba por allí, los volvía a ver. Pasó el tiempo, y cuando el hombre pasó por allí, vio a Nabila y le preguntó si conocía al hombre del castillo y le contó lo que había visto. Nabila entró en la habitación y se quedó con la boca abierta. Al abrir la puerta, vio mucho oro y diamantes. Nabila escuchó ruidos y se escondió detrás de una gran bolsa. Después, entró Ali Babá con los dos hombres.

— Qué poca cantidad habéis traído hoy—dijo Ali Baba.
 
— Es que no había mucha gente rica en el mercado— le respondió el primer hombre con voz sonora.

— Tenemos que salir a pillar más cosas—dijo el segundo hombre.

Nabila lo escuchó todo. Después de esto, intentó que todo saliera a la luz, que se supiera de dónde sacaba Ali Baba el dinero. Al día siguiente, habló con Alí Baba y le dijo que tenía que montar una fiesta para invitar al alcalde, a sus amigos y a todo el pueblo. A Alí Baba le gustó la idea. El domingo, en la fiesta, cuando estaba allí todo el pueblo, Nabila se levantó y contó todo delante de todos. A Alí Baba, al final, se lo llevaron a la cárcel y ahora Nabila es la que se encarga del castillo y vive feliz con su hijo.


Cuento original: "Ali Baba y los cuarenta ladrones"

El señor de la noche- E30

En un pueblo en medio del bosque donde los niños no podían en la calle por la noche, un día un grupo de niños que estaban jugando en el parque se dieron cuenta de que ya caía la noche y que tenían que volver a sus casas. Sin embargo, un niño llamado Eustaquio, que era muy curioso, decidió quedarse más tiempo en la calle para saber qué pasaba. 

Más tarde, en la madrugada, el niño empezó a escuchar muchos ruidos que salían de los árboles. No sabía qué era aquello... Empezó también a escuchar pasos que provenían de su espalda y cuando se dio la vuelta el señor de la noche lo agarró y se lo llevó.

Desde entonces no se le volvió a ver y ningún niño volvió a salir a la calle de noche.


Cuento original: "El hombre del saco".

El agua bendita- E29

Había una vez una pobre anciana que padecía de una enfermedad que hacía que no se pudiera mover sin ayuda de sus nietos. Tenía cuatro: Jaimito, un chico sociable e hiperactivo, era el más pequeño; la mediana se llamaba Lucía, una chica amable y sensata; y el mayor se llamaba Juanito. Este último era muy malo con su hermana Lucía y también competitivo. Estos tres hermanos no tenían muy buena relación, pero no tenían más remedio que convivir junto con su abuela enferma. Con el paso del tiempo, la pobre abuela se ponía cada vez peor, por lo que sus nietos tuvieron que buscar una cura para ella y empezar una aventura. Juanito se fue a buscar solo, se creía superior porque era el mayor. Lucía y Jaimito fueron juntos buscando por el pueblo. Un mercader les dijo que existía una planta milagrosa llamada “jehú” que se encontraba en la montaña y curaría la enfermedad. Juanito decidió buscar en otros países de las afueras. Una semana después, Lucía y el pequeño Jaimito encontraron la planta y volvieron a su casa para darle el remedio a su abuela, pero tuvieron la mala suerte de encontrarla muerta. Entonces depositaron la planta en la tumba de la abuela y la regaron con sus lágrimas. Un mes más tarde, encontraron allí un gran matorral de rosas preciosas que los hicieron muy felices. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.


Cuento original: "Los tres hijos y el tesoro".

La feria- E28

Había una vez un hombre llamado Roberto quien vivía en una feria pequeña y antigua. La había recibido como herencia de su padre, quien había muerto. Este hombre había perdido todo lo que el hombre puede perder: su casa, sus padres, su esposa, su trabajo y su dinero. Había tenido una vida tan miserable que casi se había convertido en un monstruo. Lo único que le quedaba con vida eran sus hijos a quienes amaba más que nada en este mundo. Por esto, Roberto perdió su cabeza cuando descubrió que sus hijos estaban muy enfermos. Como no tenía dinero para llevar a los niños al hospital, empezó a leer sobre medicina y hasta hizo un laboratorio en la feria. Descubrió que la enfermedad de sus niños podía ser curada solo con la sangre de otros niños.  

Dos gemelos de nueve años habían sido mandados por su madrastra para comprar comida desde otro punto de la ciudad. La señora era muy mala y quería deshacerse de los niños y que no encontrasen el camino a casa. Era una linda mañana de otoño y los niños estaban hablando alegremente mientras caminaban. Cuando habían caminado un rato, se perdieron. 

—¿Recuerdas el camino a casa?— preguntó Lisa preocupada. 

—No, pero estoy escuchando una música superlinda. ¿Podemos seguirlo y ver de dónde sale?—preguntó Oliver. 

Después de un rato de caminar, llegaron a una feria pequeña y antigua. 

—Bienvenidos a mi feria, ¿queréis que os muestre algunos sitios?—les preguntó Roberto. 

—Estaría superguay, respondieron los gemelos. 

Roberto les mostró varias atracciones y hasta les dejaba subir a una montaña rusa. Los niños estaban más alegres que nunca, pero cuando ya se empezó a atardecer, empezaron a preguntar si podrían irse a casa. Roberto les decía que no había prisa. De repente, de las sombras salieron dos niños. Eran enfermos y desnutridos. 

—¡Hola, papá!—dijeron ellos. 

—¡Saliros de aquí!—gritó Roberto.

Los gemelos se asustaron y se dieron cuenta de que todo no estaba bien. Roberto les cogió de las manos y se las llevó corriendo al laboratorio, porque se dio cuenta de que los niños sospechaban algo. 
—¡Déjanos salir!—gritó Lisa.

Roberto cerró a Lisa y a Oliver en un armario mientras preparaba sus cosas en el laboratorio. Oliver consiguió abrir la puerta del armario y los dos empezaron a correr. 

—¡No os vayáis! ¡Sois la única esperanza para que mis hijos puedan vivir! ¡Por favor volver, no os voy a hacer daño!—gritó Roberto. 

Los gemelos escaparon, sin mirar. Se encontraron con una señora amable, quien les ofreció llevarles a casa. Cuando llegaron a la casa, contaron todo lo que les había pasado a su padre. Él como tenía un corazón muy grande, le daban pena los hijos de Roberto. Decidió pagar para que los niños pudieran ir al médico, pero a Roberto lo denunció. Los hijos de Roberto mejoraron en el hospital y luego se hicieron muy buenos amigos con Lisa y Oliver. 

FIN


Cuento original: "La casita hecha de dulces".

El soldado y el diablo- E27

Habían pasado unos cinco años desde que el soldado se salvó de las consecuencias de su primer pacto con el diablo. El soldado se moría de hambre y no tenía donde dormir, así que él pidió ayuda de nuevo al diablo e hicieron un pacto, el soldado viviría durante cinco años con lujos, pero si después no lo adivinaba un acertijo sería su esclavo durante toda su vida. 

Después de cinco años, el solado fue a pedir ayuda a la abuela de nuevo para que le ayudara a descubrir el acertijo, pero le dijeron que la abuelita se había muerto hace un año por un ataque de corazón, así que el soldado fue esclavo por toda la vida del diablo. Así que el soldado vivió en el infierno toda su vida, maltratado e insultado por el diablo hasta que se murió y ya no sabemos qué pasó después. 

Cuento original: "El soldado y su abuela".

La zorra y el cuervo se invitan a comer- E26

Érase una vez un cuervo que estaba en una boda entre un tucán y una zorra. El cuervo estaba bailando tranquilo con sus amigos hasta que vio una foca bailando con sus amigas. El cuervo dijo de hacer un reto: jugar al piedra, papel o tijera y quien perdiera podría pedir el número a alguna chica. Jugaron el capibara, la tortuga, el oso pardo y el cuervo. Perdió el capibara. Los dos se fueron a pedir el número a la zorra y a la foca, y ellas aceptaron. Intercambiaron números y las chicas les pidieron que se quedaran con ellas pues así se conocerían y los chicos aceptaron. Estuvieron en la boda hasta las ocho y media de la tarde porque el cuervo les dijo de ir por la playa e ir a cenar y el capibara dijo que era buena idea, las chicas aceptaron. Antes de que se subieran al coche del cuervo, las chicas se fueron a hablar y volvió la zorra sonrojada y la foca venía feliz. Se fueron a la playa y de camino el cuervo confesó que le gustaba la zorra y se dieron un pico. El capibara y la foca estaban detrás besándose, se fueron a cenar. Estuvo bien la noche. Al dejar a las chicas en su coche, los chicos dijeron: "mañana paso ubicación y venís a cenar”.


Cuento original: "La zorra y el cuervo se invitan a comer".


Los dos lobos y los siete cabritillos- E25

Érase una vez, cuando la mamá fue a comprar una tartita de frutas, dejó a las cabritas en un parque jugando. Le dijo a la cabritilla mayor que cuidara de sus hermanos. Cuando volvió de comprar encontró parque medio vacío, ya que solo había cuatro de sus seis cabritillos. Le preguntó a su cabritillo mayor que dónde estaba su hermanos mayor y pequeño. Le dijo que se los había llevado una especie de lobo o zorro grande con una cola muy larga, con unas orejas muy puntiagudas y con un pelaje muy oscuro. La madre se asustó mucho y se empezó a encontrar mal. El cabritillo más mayor cogió en brazos a su madre y se la llevó a casa.

Cuando llegaron a casa, la madre se encontraba mejor y cuando despertó se pegó un susto, porque se acordó de que sus cabritillos no estaban y se levantó de golpe. Mientras tanto el cabritillo mayor estaba haciendo la comida. De repente, la cabritilla escuchó un golpe muy fuerte arriba. Subió corriendo y se encontró a su madre desplomada en el suelo. La cabritilla no sabía cómo actuar y llamó al 112. Llegó la ambulancia con su enfermera, la tortuga, y su erizo de ayudante. Se llevaron a la mamá cabritilla y a los cabritillos. El cabritillo mayor comió y se fue en busca de sus hermanos. Pasaban las horas y no encontraba a sus hermanos. Cuando cayó la noche, la cabrilla no encontraba a sus hermanos y estaba a punto de darse por vencido, de repente, los encontró. Sus hermanos estaban durmiendo con el lobo y sus crías. La cabritilla llamó a sus hermanos y se fueron al hospital a ver a su madre. No se dio cuenta de que se llevaba con ellos a una de las crías del lobo y dejaba a uno de sus hermanos. Llegaron al hospital y encontraron la habitación los cabritillos y el lobezno se quedó en el pasillo llorando en una esquina porque no sabía dónde estaba.

La mamá cabra despertó y solo vio a cinco de sus seis cabritillos. Le preguntó a la cabritilla mayor donde estaba el más pequeño y la cabritilla mayor le dijo que fuera a por él. Salió y no encontró a la cabritilla sino a la cría de lobo. Fue corriendo a la cueva a devolverle su cría al lobo y coger a su hermano. Cogió a su hermano y el lobo se enfadó con el cabritillo mayor por llevarse a su cría. La cabritilla le explicó todo y el lobo fue a visitar a la madre y se hicieron muy amigos. Desde entonces no se separan.

FIN


Cuento original: "El lobo y los siete cabritillas".

Los tres animales de pueblo- E24

Resulta que la patada que el león recibió no fue mortal, se quedó tumbado en el suelo y el asno y el lobo pensaron que había muerto. El lobo huyó para que el asno no le hiciese lo mismo. Pasaron dos horas, el asno se fue y el león despertó y se encontró solo en medio del campo, así que decidió seguir su camino a la Meca, estaba muerto de hambre y de sed y muy cansado. Tras un largo viaje, llegó a la Meca. Ahí estaba en la entrada la señora gata, que al ver cómo estaba, lo recibió con un plato pequeñito de comida y una botella de agua. El león, al entrar a la Meca, se encontró el asno y el lobo y los dos fueron a pedirle perdón al león. El asno le dijo que se había agobiado y se había puesto nervioso, por eso le había dado la patada y el lobo le dijo que lo sentía por sus pensamientos impuros, ya que, en el pasado, quiso comérselo. Entonces cogieron y se perdonaron porque hay que aprender a perdonar y a olvidar. Los tres se purificaron y se fueron velices de allí y volvieron a su amistad. 

FIN 


Cuento original: "El león, el lobo y el asno".

Los perros de la guarda- E23

En un pueblo pequeño vivía una familia compuesta por una pareja, un hijo y una hija. Se dedicaba a las tareas del campo y a la crianza de ovejas en su finca y, por lo visto, eran muy prósperos. Emily, la hija, era una hermosa muchacha con edad para casarse. Se enamoró de un mal hombre con el que se casó. Él solo quería el dinero de esa finca y no le importaba nadie más que él. Los padres de Emily murieron y la finca pasó a manos de ella y de su hermano Sergio. El mal marido era un hombre muy cínico y, además, trataba muy mal a su esposa y a su hermano, tanto que ambos le tenían miedo. 

Ese hombre decidió deshacerse de su cuñado y atemorizó a su mujer para que lo hiciera. La mujer lloró porque no quería hacerlo, pues ella creía que quería a su hermano más que a su vida. Pero no lo quería tanto, pues su marido le dijo que le echara veneno en la comida y ella obedeció. La intención del marido era quedarse con la finca.  

Mientras tanto, Sergio estaba pastoreando las ovejas, en medio del campo, y apareció un hombre viejo que andaba con ayuda de un bastón, llevando tres perros con él. El anciano le ofreció un trato, quería tres corderos a cambio de los tres perros. Sergio no quería porque temía a su cuñado, pero él al ver al pobre perro tan flaco, decidió aceptar el trato. Los perros se llamaban Bobby, Balto y Rex, nombres que él le había puesto cuando los encontró, ya que aparentaban ser unos perros muy tiernos. 

Mientras iba a casa, miraba a los perros y se dio cuenta de que ya no estaba solo. Su hermana Emily le había echado veneno en la cena. Sergio entró con los tres perros en casa y cuando se dispuso a cenar los perros tiraron la comida envenenada. Al verlo, el cuñado le dijo a su mujer que tenían que intentarlo otra vez, pero esta vez sería trayendo un dragón de tres cabezas que escupía fuego y metiéndolo dentro de su habitación. Emily debería mandar a su hermano guardar la ropa en su armario para que se encontrara con la bestia.


Ella lloraba diciendo lo mismo, que lo quería más que a su vida. Eso no era verdad, porque si no ella no lo hubiera hecho, pero se engañaba diciendo que era por miedo a su marido. En el fondo, ella también quería matarlo. Así que mandó a su hermano con la montaña de ropa a su habitación, donde esperaba que muriera a manos del dragón, pero, al entrar, no cerró bien y los perros entraron y atacaron al dragón del cuñado. El marido, pensando que ya había muerto, riéndose, le preguntó a su mujer si ya estaba hecho. Sergio, enfadado, dándose cuenta de la situación, mandó a los perros atacar a su hermana Emily a su cruel marido. Defraudado, se quedó solo. Paseando en compañía de sus perros, encontró a una muchacha atada a un árbol. Quiso ayudarla, pero la muchacha se negó. Le dijo que había cometido un crimen y le dijo que se fuera con él. De repente, una serpiente de cinco cabezas se acercó a la chica. Él decidió ayudarla, les pidió a los perros que atacaran a la serpiente. Ellos obedecieron y mataron a la serpiente y él desató a la muchacha y la mandó a casa. 

Lo que él no sabía es que esa muchacha era una princesa, a la cual querían sacrificar. El rey lloró de alegría al verla viva y al descubrir que alguien la había salvado, quiso ofrecer una fiesta en honor a esa persona, que había salvado a su princesa e invitó a todo el pueblo, pensando que él iba a aparecer, pero no apareció. Entonces ofreció trabajo al que hubiera salvado a su hija. Como siempre, acudieron muchos muchachos intentando engañar al rey, diciendo que habían sido ellos, pero el rey, como no era tonto, pidió cinco cascabeles que solo Sergio le enseñó. 

El rey, como recompensa, le ofreció trabajo a Sergio y la mano de su hija. Como en un buen cuento, no todo iba a ser color de rosa... No podía faltar la envidia de una criada, que creía estar enamorada de él. Ella, celosa, decidió matarlo y le echó alfileres en la comida. El pobre muchacho empezó a toser cuando se comió la comida y murió. La novia lloraba desconsoladamente y los tres perros no se movieron de su lado, ni en el velatorio, ni en el entierro, como si fueran sus familiares. 

Cuando cerraron el cementerio, echaron a los perros. Ellos se escondieron y cuando todo el mundo se había ido, volvieron y desenterraron su ataúd. Entonces los perros empezaron a hablarle. Resulta que él, en realidad, estaba vivo, que los perros eran tres angelitos de la guarda. Lo mandaron a palacio para casarse con la princesa y ser feliz, porque ellos ya habían hecho su trabajo y se iban al cielo. En realidad, no había muerto, todo había sido un mal sueño, ya que los perros no habían permitido que se comiera la cena. Todo gracias a ellos. Sergio se casó y fue feliz a medias, ya que los perros no estaban con él. Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Cuento original: "Los tres perros".

La futura millonaria y el gitano- E22

Érase una vez, una chica que soñaba con tener muchos millones de dólares. Su tío era millonario y ella lo apreciaba mucho por ello. Lo que más le gustaba de todas sus riquezas era su coche: un Lamborghini huracán. Un día era la cena de Navidad familiar. Ella estuvo mucho rato ayudando a sus tíos a poner la mesa. Cómo no, ella se sentó con su tío y en la cena no paraban de hablar de eso. En un momento, le preguntó cuál era el truco para ganar tanto. Y le dijo:

—Con esfuerzo, dedicación y ganas.
 
Él le dijo que comiera alimentos que le gustaran, para que estuviera mejor, pero que también tenían que ser saludables. Él le recomendó “el gitano” (un pescado). Tras comerlo, diez años después, la chica pudo comprar su coche. A los cuarenta años compró una mansión, contrató una gitana y comió gitano en honor a su tío.


Cuento original: "El gitano escamado".

El retorno de la bruja Baba Yaga- E41

Todo empezó después del final del anterior cuento. La madrastra de la niña, después de ser expulsada de la casa del padre, muy enojada, fue ...